Carmen Cebreros Urzaiz
HÁPTICA
By feel—that is, through touch and through modification prompted by brushing against, or forceful forms of contact—this is how the four artists in this exhibition give origin and direction to their work. Breaking down fibres, shaping a pulp or mass, pressing to spread powdered pigments, smearing pictorial emulsions, embedding a photograph in a three-dimensional support, or finely corrugating material to contain space—these are not merely plastic procedures. They tune exercises to the sensations of bodies, environments, places, and transitional experiences.
The works shown here are preceded by expeditions into the mountains, journeys to geographies seen for the first time, or changes of residence—either as habit or circumstance—conditions that nurture a desire to capture and transfer an awakened awareness of the present. The pieces incorporate a kind of sensoriality that stems from the dermal and connects with the geological; they simultaneously evoke the earth’s mineral nature, sediments, and tectonic formations. These haptic relations transmit a repertoire of sensations that subvert both vision and text. These artists return to us an experience made bodily. To draw close to their work is to sharpen our perception of our pores, folds, wrinkles, capillarity, and exudation.
Eleanna Anagnos (Evanston, Illinois, 1980) developed her series Dialect as part of an investigation into the production of traditional Mexican amate paper, following her move to Mexico City. Her two-decade-long breathwork and meditation practice has become a method for absorbing everyday sensations—colours, smells, sounds, temperatures—and transferring them into her work. Anagnos assembles a library of found, acquired, or handmade elements that find their place on dense panels made of pigmented paper pulp. The composition of these gems and inlays wears the mask of possibility, compelling us to speculate about their origin, porosity, hardness, and weight. These enigmatic substances stir a longing for tactile engagement in the face of such visual challenges.
Valentina Attolini (Mexico City, 1998) contributes a group of material drawings, a painting that bursts with gesture, and two monotypes where her characteristic expansive action upon surfaces gives way to the density of the medium—neither painting nor printmaking, or rather both. The artist deploys tactile strategies by using the tips of her fingers. Pink Inside-Out Eyelids and Sonámbulo III (both from 2024) are works catalysed, during an artist residency, by the poetry of Chilean writer Raúl Zurita, the contemplation of changes in a garden, and a heightened attention to the dreamlike states summoned by these stimuli. Tides, cavities, vital organs, bodily fluids, tremors—her works resemble a current of uninterrupted force.
Walking through the Oaxacan hills, where grass grows over abandoned objects, sparks the creative labour of Lissette Jiménez (Matías Romero, Oaxaca, 1987). Her work is an act of discernment in and through the landscape. On a sheet of metal weathered by the elements, Jiménez inscribes the record of the site where it was found, and then returns the intervened object to the same location. The object—now a kind of effigy, yet still functioning as an object—hovers between being a trace and being the memorialization of a former place. The vegetation withers, but its portrait makes us believe otherwise. Delicate in situ sculptural actions erased by photography—and vice versa—photographic images obliterated by sculptural interventions, recur throughout the artist’s practice, as if the pictures longed to attain a stratigraphic or sedimentary density.
Carmen Mora (Madrid, 1985) seeks to gauge natural forces through sculptural gestures. Her Ínsula series—represented here by three works—emerged from two journeys: one to the island of Borneo, the other to the Italian Alps, both places marked by exceptional mountainous and rocky formations. These geological structures have inspired her to experiment with highly reactive materials, such as pigmented resins, which settle into unpredictable and barely controllable formations. Her evocations of tectonic shifts—filtered through a human scale and temporality—turn cliffs, caves, and grottos into the innards of a terrestrial body that feels and pulses: one that resonates with our own.
Háptica showcases the work of four creators who, working from distinct places, media, and inquiries, converge in their deep technical and sensorial knowledge of materiality, honed through deliberate acts of contact, driven only by a curiosity that fuels their tireless urge to experiment.
Carmen Cebreros Urzaiz
HÁPTICA
A tientas, es decir, palpando y modificando a partir de roces o de enérgicas formas de contacto, así dan origen y rumbo a sus obras las cuatro artistas reunidas en esta exposición. Desmenuzar fibras, moldear una pulpa o una masa, presionar para esparcir pigmentos pulverizados, untar emulsiones pictóricas, incrustar una fotografía en un soporte tridimensional o corrugar con fineza para contener un espacio, no son sólo procedimientos plásticos. Se trata de ejercicios de sintonización entre cuerpos sintientes, ambientes, lugares y experiencias transicionales.
A los trabajos aquí mostrados les anteceden expediciones por la montaña, viajes hacia geografías vistas por primera vez, o cambios de residencia —como hábito o como circunstancia—, condiciones que propician un deseo de capturar y transferir una consciencia avivada del presente. Las obras integran una sensorialidad que parte de lo dérmico y logra vincularse con lo geológico, pues simultáneamente nos hacen evocar la mineralidad, los sedimentos y las formaciones tectónicas de la tierra. Dichas relaciones hápticas nos contagian un repertorio de sensaciones que subvierten la visión y la textualidad. Estas artistas nos devuelven otra experiencia hecha cuerpo. Acercarnos a su trabajo afina nuestra percepción sobre nuestros propios poros, pliegues, arrugas, capilaridad y exudación.
La investigación sobre la elaboración del papel amate mexicano, junto con un cambio de residencia a la Ciudad de México da origen a la serie Dialect, de Eleanna Anagnos (Evanston, Illinois, 1980). Su práctica de respiración/meditación, mantenida por dos décadas, se ha convertido en un método para absorber las sensaciones cotidianas de todo orden—colores, aromas, sonidos, temperaturas— y trasladarlas hacia su trabajo. Anagnos reúne una biblioteca de elementos encontrados, adquiridos o fabricados que encuentran su lugar sobre densos tableros hechos de pulpa de papel pigmentada. La composición de estas gemas e incrustaciones se disfraza de posibilidades y nos obliga a especular sobre su procedencia, porosidad, dureza y peso; estas sustancias enigmáticas nos hacen ansiar nuestra propia capacidad táctil, ante tales desafíos a la mirada.
Valentina Attolini (Ciudad de México, 1998) contribuye con un grupo de dibujos matéricos, una pintura que explota la gestualidad, además de dos monotipias, en las que la acción expansiva sobre los soportes —característica de Attolini— se somete a la densidad del medio (ni pintura ni gráfica, o más bien ambas). La artista despliega tácticas al valerse precisamente de las yemas de sus dedos. Los párpados al revés son rosas y Sonámbulo III (ambas de 2024) son obras catalizadas, durante una residencia artística, por la poesía del chileno Raúl Zurita, la contemplación de los cambios en un jardín, y una especial atención hacia los estados oníricos convocados por estos estímulos. Mareas, cavidades, órganos vitales, fluidos corporales, trepidaciones: sus obras asemejan un caudal que posee una fuerza continua.
Realizar caminatas por los cerros oaxaqueños, en donde la hierba crece sobre objetos abandonados, instigan la labor creadora de Lissette Jiménez (Matías Romero, Oaxaca, 1987). Su trabajo es un acto de discernimiento sobre y desde el paisaje. En una lámina maleada por la intemperie, Jiménez posa el registro del sitio sobre el que esta hoja fue encontrada, para después retornar esta intervención al mismo lugar. El objeto convertido en efigie que sigue actuando como objeto, se debate entre existir como una huella o ser la memorialización de un lugar pretérito. La maleza se marchita, pero su retrato nos hace creer lo contrario. Finísimas acciones escultóricas in situ, borradas por la fotografía y viceversa, imágenes obliteradas mediante una intervención escultórica, recurren en la práctica de esta artista—como si las imágenes añoraran cobrar una densidad estratigráfica y sedimentaria.
Carmen Mora (Madrid, 1985) intenta conmensurar algunas fuerzas naturales a través de gestos escultóricos. La artista desarrolla su serie Ínsula —de la que se exhiben aquí tres piezas— a raíz de dos viajes, uno a la isla de Borneo y otro a los Alpes italianos, ambos sitios caracterizados por formaciones rocosas y montañosas excepcionales. Tales estructuras geológicas la han motivado a explorar materiales altamente reactivos, como las resinas pigmentadas, que se asientan en formaciones impredecibles y poco controlables. Su evocación a accidentes tectónicos, desde una escala y temporalidad humanas, convierte riscos, cuevas y grutas en entrañas de un cuerpo terrestre que siente y palpita: uno que resuena con el nuestro. Háptica muestra la labor de cuatro creadoras que, desde lugares, medios y pesquisas distintas, convergen en su profunda sabiduría técnica y sensorial sobre la materialidad, dada por prácticas de contacto procurado, desbordada sólo por una curiosidad que moviliza su inquebrantable afán de experimentación.
Carmen Cebreros Urzaiz
Untitled, 2024
Coal on paper
35.43” x 27.55” in / 90 x 70 cm
Foto marcador, 2020-22
Photograph, gelatin silver
11.02” x 13.77” in / 28 x 35 cm
Holding Space (Dialect series), 2023
Handmade paper pulp, amate fibers, acrylic and pure pigments
11” x 11.25” x 2.25” in / 28 x 28 x 5.7 cm